Diálogo del Bicentenario

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La meritocracia tiene gran relevancia como un medio efectivo para combatir la corrupción en las esferas gubernamentales. Se parte del reconocimiento de que, a pesar de la existencia de leyes y regulaciones, la corrupción continúa siendo un desafío persistente en muchas sociedades. La meritocracia se define aquí como un sistema que promueve la igualdad al eliminar privilegios heredados y el favoritismo, enfocándose en la calidad sobre la cantidad en la formación de profesionales. No obstante, se argumenta que la meritocracia, por sí sola, puede no ser suficiente para abordar completamente este problema, y se enfatiza la importancia de la motivación, especialmente entre los estudiantes universitarios, como un elemento clave para ocupar altos cargos en el futuro. Se resalta que esta motivación debe estar respaldada por valores éticos y morales sólidos para contribuir a la mejora de la situación actual en el país. 


En la charla recibida se habló mucho sobre lo que es meritocracia, se mencionó mucho sobre ella y su importancia al poder prevenir el riesgo de corrupción en nuestros altos mandos. Un aspecto que me llamó bastante la atención fue la frase mencionada en cierta parte de la charla por una participante sobre la corrupción, al citar una frase dicha por Beatriz Mejía Mori, abogada peruana, al mencionar lo siguiente “Hecha la ley, hecha la trampa”. Dándome a entender que, a pesar de existir leyes, de alguna u otra forma siempre se terminan vulnerando estas, sin que nadie se dé cuenta.

Por ello la meritocracia sería una solución a este problema. La meritocracia puede definirse como sinónimo de igualdad, tal como nos lo menciona Gavira (2016), “La palabra meritocracia se convirtió en un sinónimo de igualdad en general. Por ello un “sistema meritocrático” denota ya no un sistema excluyente, sino todo lo contrario, un sistema abierto, sin privilegios heredados, ni favoritismos odiosos”. Por consiguiente, si nuestros funcionarios públicos fueran meritocráticos no estarían pasando por encima de la población buscando sus propios intereses, un buen funcionario público puede tener miles de títulos, un juez podría realizar miles de casos, pero lo importante de ello es la calidad no la cantidad, un buen profesional se forma en base a sus valores, uno puede tener excelentes estudios académicos, pero sin ética y moral eso no sirve de nada, se debe buscar un punto de equilibrio entre ambos.

Ante lo mencionado anteriormente sobre la meritocracia, pareciera ser esa la mejor forma de solucionar el problema de la corrupción en el país, pero no es así. En la charla nos dicen que está claro que la meritocracia es fundamental para hacerle frente a dicho problema, pero hace falta más. Cómo el tener ese incentivo, esa motivación en nosotros los estudiantes universitarios en querer ocupar altos mandos a futuro, ya sea siendo jueces, fiscales, etc. Herrera y Zamora (2014) nos mencionan que: “La motivación es un proceso autoenergético de la persona que ejerce una atracción hacia un objetivo. La motivación está compuesta de necesidades, deseos, tensiones, incomodidades y expectativas. Constituye un paso previo al aprendizaje y es su motor”. Ante esto queda claro que, con dicha motivación, nosotros los estudiantes universitarios podríamos tener esa ambición de llegar a ocupar altos mandos a futuro, sin olvidar claro los valores que forjan a todo buen profesional, para poder mejorar con la situación actual del país.

Las charlas recibidas brindaron una valiosa perspectiva sobre la relación entre meritocracia, corrupción y motivación en el espacio público. La frase "la ley está hecha, la trampa está puesta" resalta el miedo a la corrupción, sugiriendo que incluso cuando las leyes están vigentes, pueden violarse. La meritocracia se ve como una potencial solución, entendida como un sistema de igualdad de oportunidades en el que las cualidades y valores de los profesionales son más importantes que el número de títulos.

Pero el discurso reconoció que la meritocracia, si bien es importante, no es una panacea. Resalta la necesidad de inspirar a los estudiantes universitarios a aspirar a futuros puestos de liderazgo, ya que la motivación es la base para impulsar el aprendizaje y el logro de objetivos. Es importante subrayar que a este objetivo se deben adjuntar sólidos valores éticos y morales. En definitiva, la charla nos demostró que combatir la corrupción en la sociedad requiere no sólo de meritocracia en la administración pública, sino también del cultivo de una cultura de inspiración y valores entre los jóvenes que aspiran a puestos de liderazgo. Una combinación de estos elementos puede ayudar a mejorar el estado del país y prevenir la corrupción de alto nivel.


Referencias bibliográficas:

-          Herrera, J., y Zamora, N. (2014). ¿Sabemos realmente que es la motivación? CCH. Correo científico de Holguín , 18 (1), 126–128. http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1560-43812014000100017&script=sci_arttext

-          Gaviria, A. (2016). Meritocracia. Revista Universidad de Antioquia. https://revistas.udea.edu.co/index.php/revistaudea/article/download/325281/20782683/

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